“Un espacio lleno de objetos que nos encantaban… pero sin estructura. Ahora todo tiene sentido, fluye y se disfruta.”
Antes
Cada estantería tenía una mezcla de objetos: libros, discos, plantas, adornos… Todos bonitos, pero sin un criterio común. La vista se saturaba, el acceso era incómodo y el espacio generaba más ruido que calma.
Después
El salón mantiene su personalidad, pero respira.
Lo que antes era un bloque caótico ahora es un sistema claro: categorías, grupos visuales, alturas compensadas y un orden que acompaña la funcionalidad del día a día.
Los propietarios sienten que “su hogar se parece más a ellos.”
“Una reorganización que fue mucho más allá del orden físico: ganamos claridad, aprendimos a decidir con calma y recuperamos una relación sana y consciente con nuestro espacio.”